GUERRA DE BAJA INTENSIDAD
La
conmoción que causa una guerra deja profundas huellas en la población que la
sufre, normalmente, más, en los perdedores, quizás por eso la población
española ha dicho masivamente, en la calle, NO A LA GUERRA. Estas manifestaciones de libertad en contra de la
guerra con Irak, ha tenido un notable apoyo ciudadano y político y un
despliegue espectacular de los medios de comunicación.
Se ha dicho que esta guerra es ilegal, injusta e innecesaria.
Se ha dicho y se constata que hay muchas
víctimas civiles inocentes, muchas de ellas, víctimas colaterales.
Se ha dicho que hay una desproporción
entre el potencial de poder de una potencia frente a la otra.
Estos argumentos desde luego son
suficientemente válidos como para emprender las acciones de rechazo que todos o
la mayoría aprobamos y realizamos cada día.
Se han editado pegatinas, pancartas y
eslóganes con el rechazo rotundo a la guerra.
Ante todo esto, y estando totalmente
de acuerdo con las movilizaciones, caben muchas preguntas:
¿Por qué, no nos movilizamos igual
ante la guerra más duradera de la
humanidad? la que lleva más de dos mil años causando víctimas inocentes y
desprotegidas. Víctimas que malviven o sobreviven bajo un toque de queda
simbólico. Víctimas colaterales en proporciones impensables en una guerra
convencional. Me estoy refiriendo, naturalmente, a la violencia de género, esa
violencia “de baja intensidad” como la califican algunos (hombres) que ha
asesinado a millones de mujeres a lo largo de la historia y que hoy día goza de
tan buena salud.
¿Acaso esta otra “guerra” no es
injusta, ilegal e innecesaria?
¿Por qué la población en general, los
partidos políticos, los artistas, los intelectuales, etc. no se movilizan con
la misma intensidad vista estos días?
¿No bastan las 80 mujeres asesinadas
el año pasado? o ¿las 25 mujeres asesinadas a fecha de hoy (8/04/03), para que
la sociedad comprenda la magnitud de este genocidio “a fuego lento”?
¿Acaso no hay también desproporción
entre el poderoso y su víctima?
Desde mi punto de vista, hay un
paralelismo terrible entre los efectos dramáticos de una guerra y la violencia
de género y su goteo incesante de muerte y dolor. Incluso en las guerras, las
víctimas colaterales más habituales suelen ser las mismas, mujeres y niños.
Quizás estas otras muertes formen
parte de nuestro entorno más o menos cercano y no nos produzcan el mismo efecto
psicológico, nos hemos acostumbrado a ellas; pero no por ello dejan de ser
terribles. Son personas que malviven con una condena de muerte anunciada y la
sociedad apenas las comprende y desde luego sus muertes no son vistas como algo
tan horrendo como en una guerra convencional.
¿Acaso la muerte en un bombardeo es
más terrible que la amenaza anunciada y posterior asesinato realizado por la
persona que un día prometió amarte y protegerte?
¿Acaso la muerte de un disparo de
fusil es más terrible que la muerte ocasionada por tu pareja o ex-pareja
mediante un cuchillo de cocina, un hacha, una escopeta de caza, quemada con
gasolina, estrangulada, violada, arrojada desde el balcón…?
Señores, reflexionemos sobre ello, las
muertes en las guerras son terribles pero no menos terribles son las anunciadas
por los hombres hacia las mujeres y que la sociedad, todavía hoy, ignora o no
las ve como un peligro tangible. Hay que estar atentos y no ser cómplices
silenciosos de estos otros hombres que han aprendido que para la resolución de
sus conflictos es legítima la utilización de la violencia.
Propongo que no perdamos el poder de
manifestarnos y que seamos críticos con la pasividad con la que se acomete este
terrible problema social.
Propongo que se exija al Gobierno del
Estado Español, que contemple este problema como un verdadero problema de
Estado y que apruebe de una vez por todas una ley Integral que contemple todo el
espectro de la violencia de género y no sólo el capítulo asistencial
(prioritario) a las mujeres víctimas de malos tratos.
La manera de erradicar un problema es
analizar sus causas y minimizar sus consecuencias. Haciendo un símil, en la
actualidad se suministra una “aspirina” para tratar la fiebre pero no se toma
nada para vencer a la enfermedad.
Espero y deseo que juntos, hombres y
mujeres en igualdad de derechos y obligaciones, podamos algún día vivir en paz.
Miguel Sánchez
Presidente de la Asociación Colectivo de hombres contra la violencia de género de Badalona.