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Desde el tranquilo rincón de mi hogar, veo esta mañana las terribles imágenes de la masacre, niños sin brazos, muertos. Podían pertenecer a cualquier guerra, pero son de esta. Las veo porque están lejos, porque no me tocan la piel, pero me dañan el corazón y me levantan el estómago. Suerte, ellos ya no lo tienen, ya no les dolerá ningún órgano. Ya no hay ningún dictador que les oprima. La tierra o el fuego les ha abierto sus puertas, y los salvadores con sus bombas les han cavado las fosas.

No puedo comprender que tienen en el cerebro, pues no creo que tengan corazón, los que apoyan la guerra por encima de todo, y se preocupan por sus cristales rotos, paguémosle un cristalero. Claman por sus manchas en sus impecables trajes, paguémosle una tintorería, sufren por que los abuchean, paguémosle tapones para el oído. Quizás lo que deberíamos pagarles, es un billete para la guerra.

Hoy también ha muerto alguien que lo comprendía todo, sus pulmones no pudieron soportar el tabaco, y quizás su corazón, no pudo soportar la pena de esta guerra. Ahora Terenci,Terenci Moix, tendrás un “Desayuno con Diamantes”. No puedo terminar estas líneas contra la guerra sin recordarte, porque en tus libros aprendí que el hombre pertenece al mundo, y no el mundo al hombre.


 
 

 

Teresa Fernández. (abril 2003)