Desde
el tranquilo rincón de mi hogar, veo esta mañana
las terribles imágenes de la masacre, niños sin
brazos, muertos.
Podían pertenecer a cualquier guerra, pero son de esta.
Las veo porque están lejos, porque no me tocan la piel,
pero me dañan el corazón y me levantan el estómago.
Suerte, ellos ya no lo tienen, ya no les dolerá ningún
órgano. Ya no hay ningún dictador que les oprima.
La tierra o el fuego les ha abierto sus puertas, y los salvadores
con sus bombas les han cavado las fosas.
No
puedo comprender que tienen en el cerebro, pues no creo que tengan
corazón, los que apoyan la guerra por encima de todo, y
se preocupan por sus cristales rotos, paguémosle un cristalero.
Claman por sus manchas en sus impecables trajes, paguémosle
una tintorería, sufren por que los abuchean, paguémosle
tapones para el oído. Quizás lo que deberíamos
pagarles, es un billete para la guerra.
Hoy
también ha muerto alguien que lo comprendía todo,
sus pulmones no pudieron soportar el tabaco, y quizás su
corazón, no pudo soportar la pena de esta guerra. Ahora
Terenci,Terenci Moix, tendrás un “Desayuno con Diamantes”.
No puedo terminar estas líneas contra la guerra sin recordarte,
porque en tus libros aprendí que el hombre pertenece al
mundo, y no el mundo al hombre.