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El sexo de las bombas
 
Ayer 14 de Enero, nos sorprendió la noticia de que una mujer Palestina se había inmolado en un atentado suicida en Israel. ¿ Qué es lo que de verdad hirió nuestra sensibilidad? : ¿ El atentado?, ¿el haber sido cometido por una mujer?, ¿ el que esta mujer tuviera dos hijos?, ¿ el que desde los 13 años solo pensaba en ello?, ¿ el que los Palestinos empezaran a usar a mujeres suicidas?.
Cada una de estas preguntas podría tener una respuesta, y todas ellas, probablemente, nos preocupen por sí solas. Pero lo que de verdad recogieron los medios de comunicación, fue la novedad de que era mujer, tenía hijos y desde adolescente era una meta ansiada por ella.

A lo terrorífico de un ataque suicida, se une la novedad de que lo cometa una mujer, y, que la dejen “sus compañeros “ cometerlo.Podemos pensar varias cosas:
• Puede que en Palestina empiecen las mujeres a ocupar un lugar, “al lado de los hombres”, en su lucha contra Israel.
• Puede que esta mujer tuviera su lucha particular.
• Puede que la desesperación de todo un pueblo, lleve a ocupar a las mujeres un lugar, que en otras circunstancias, jamás se les hubiera otorgado.
• Puede que el fanatismo religioso, desgraciadamente tan asentado en esta sociedad, empiece a utilizar a las mujeres como parte más de un engranaje, uniéndolas a los enfermos terminales; que parecen ser, que son en su mayoría, los que realizan los atentados suicidas.Podemos dar tantas respuestas como queramos. Pero el problema, el muro de separación, el horror, el uso de las personas como bombas humanas, nos transporta mucho más allá de la importancia del “sexo de esa bomba”. Nos transporta a una sociedad que está creando en su interior una autentica “Bomba Nuclear”.
Una situación caótica. No obstante, muchos países, a pesar de ser muy conscientes de esta situación, no ponen entre sus prioridades la búsqueda de una solución efectiva que logre parar esta locura. Un problema que está sacudiendo a toda una zona, a miles de mujeres, niños y hombres - ya sean del lado que sean- (aunque, como siempre, a unos más que a otros); y que nos va a estallar en nuestras propias manos; en nuestro mundo particular, mucho antes de lo que quizás pensemos.

 

 
 

 

Teresa Fernández. (enero 2004)