Sobre
el Puente Aquí estoy sobre este puente decidido a quitarme la vida,
una vida que casi ya no tengo desde que te perdí, no sé que hacer con
ella, desde entonces camino sin caminar, duermo sin descansar, no escucho
el llanto de nuestros hijos, ni siquiera les veo pasar. Te perdí y he
perdido todos mis sueños, no logro encontrarlos ya, miro para un lado
y otro y solo encuentro deseperanza.Ayer me di cuenta de todo, lo supe,
cuando la alegría de nuestro hijo pequeño, por haber ganado un partido
de fútbol, no fue la mía, no me alegre de su triunfo, no entendí su
entusiasmo.El se fue llorando porque yo no reaccione, esperaba que saltara
con él de alegría, que le animara a seguir, que le abrazara con el abrazo
de un padre orgulloso, y no fue así. Su hermano mayor fue tra él, quiso
explicarle el porque de mi falta de entusiamo, vio mi vacío y se lo
comunicó, pero el niño no lo comprendió.
Me
perdí entonces en mis pensamientos, sentado frente a la ventana, en
ese sillón que tu y yo compartimos horas enteras, mirando la lluvia,
escuchando el viento, viendo pasar el otoño en el color de los árboles,
en ese sillón en el que a veces nos fundíamos parando nuestros relojes,
me sumerjo en esos abrazos de ayer, en ese mirar tras la ventana y mis
ojos se llenan de lagrimas empañando mi corazón.
El
mayor bajó reprochándome mi conducta, él cree que ya es hora de estar
aquí, que mis ausencias tienen que terminarse, que tu ya no volverás
nunca y que ellos me necesitan.
Sé
que es así, han ido creciendo sin ti y sin mí, sin tu ausencia real
sin la mía mental, se han buscado entre ellos supliendo mi falta, intentando
sobrevivir en un mundo fragmentado, hecho pedazos una terrible mañana
de otoño, esa mañana que fue tu muerte y la mía.
Tu
hija preguntó ayer sobre mí hoy, se encuentra sola, pero también le
preocupa mi estado de salud, no quiere verme así, dice que tu seguirás
siendo mi sonrisa, que sigues estando a mi lado a través de ellos, ella
intentó animarme pero de repente empezó a llorar desconsoladamente porque
recuerda tu voz, tus pasos, porque añora tus caricias y tu mirada de
madre, porque mira al cielo y no te ve y yo, mientras tanto, callo,
no siento su pena, sólo siento la mía que ahoga todas las demás, me
mira clavándome su mirada intentando captar mi interior, esperaba unas
palabras de consuelo que no llegaron, el abrazo de un padre que consuela
pero, no fue así, seguí imperturbable en mi sillón, sumergido en los
abrazos del ayer, en sus gotas de lluvia y, no pude ser padre.
Ella
se fue de mi lado, se encerró en su habitación, lloró y lloró hasta
que llegó su hermano pequeño y los dos se fundieron en un largo abrazo
durante toda la noche.
Amanecí
sin haber dormido, allí sentado en mi sillón, entre lagrimas y alcohol,
apurando un cigarro tras otro decidí no seguir así, no puedo vivir sin
ti, he dejado de ser yo, me hundo cada vez mas en un infierno del que
no puedo salir, me asusta tanta oscuridad por todos los lados, he perdido
las emociones, todas las sensaciones, no distingo los colores, ni los
olores. Me levanté del sillón apenas sin fuerzas, emborrachado no sólo
de alcohol sino también de ira, resentimiento, de un gran vacío que
no puedo llenar con nada, fui a la habitación de los niños, necesitaba
su aliento, su adiós, decirles porque me voy, porque ya nunca estaré
con ellos pero no me atreví, dormían, no quise despertarles de sus sueños,
no quise traerles a la realidad, es demasiado duro sentirse desamparado,
no tener padre ni madre.
Dirigí
mis pasos hacia el puente, es el lugar mas seguro para un suicidio,
es muy alto además de encontrarse encima de una carretera por la que
circulan cientos de coches al día, no habrá marcha atrás, todo está
decidido.
Estoy
aquí sobre el puente absorto en mis pensamientos, medito sin tener que
hacerlo, cualquier atisbo de reflexión solo es retrasar el momento,
es una excusa para tapar mi cobardía. Siento el corazón latir a toda
velocidad, la sangre fluir por mis venas, siento vértigo por la altura,
me marea ver pasar tanto vehículo, con sus ruido,sus olores, desde abajo
me pitan unos y otros y poco a poco se van acercando hasta donde yo
estoy, se están parando formado hileras, de coches encendidos y de conductores
fuera, me gritan que no salte, que mire hacia delante, una mujer chilla
envuelta en lagrimas dice que así murió su padre y que no se lo desea
a nadie, se acercan los bomberos y una ambulancia, escucho sus sirenas,
los bomberos intentan persuadirme, la ambulancia se prepara por si acaso.
Uno de los bomberos se acerca mas, trae consigo un niño pequeño, de
unos seis años, le veo llegar con el niño en brazos, está asustado,
llora y reconozco su llanto, es mi hijo pequeño, está llorando por su
padre que se va, por su padre que va a dejarle lo mismo que hizo su
madre, reconozco su llanto, siento su dolor, veo su miedo y no quiero
dejarle solo, escucho su voz llamándome, pidiéndome que no salte, que
no les deje solos ahora ,que también se iran si no me quedo a su lado.
Ahora soy yo el que llora, me agarro fuertemente al puente, a su barandilla
para no caer, me invade la duda, no sé que hacer, a un lado del puente
la vida al otro, la muerte, de un lado mi alma sin vida aprendiendo
a compartir los días, los momentos, las alegrías de los que me rodean,
del otro sólo el alma perdida. Sigo aquí, en medio de la incertidumbre
mientras los de abajo va ganando confianza, me ven dudar, tienen la
esperanza de que al final no me tirare, creen que mi hijo ganará la
partida, que no verá desaparecer a su padre, él continua en brazos del
bombero, ya no llora pero está inquieto, mira hacia arriba, mira al
cielo esperando el milagro de no perderme, su suplica me hace estremecer,
me recorre un escalofrió que me recuerda lo vivo que estoy, lo que puedo
perder , el daño que puedo hacer a mis hijos y a ti que a través de
ellos te puedo tener , el escalofrió ha llegado a mi cabeza devolviéndome
a este mundo, vuelve la serenidad, me invade de nuevo el sosiego, miro
a un lado y a otro del puente, observo sus dos orillas y decido quedarme
en esta, aquí, aprendiendo de nuevo a vivir, aprendiendo a estar sin
ti, pero teniéndote, con ellos, siempre a mi lado.