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Siempre
me censuran que me quede mirando a la gente cuando estoy cerca de ellos.
Es verdad que no es algo bonito, resulta sospechoso mirar de forma abierta,
no estamos acostumbrados a sentirnos observados, acabamos pensando siempre
lo peor, sin embargo, yo no puedo evitar mirar y pensar.
Hoy
observo a una mujer que, con la mirada perdida, pasea bajo la lluvia.
Mientras tomo un café, refugiándome precisamente de ella,
me pregunto el porqué de esa mirada. No solo vagabundean sus pasos
también lo hace su interior, sus ojos así me lo dicen.
Pienso en los hijos que a lo mejor no tuvo, en un marido que la abandonó
o en una madre que nunca la apoyó. Hallo en sus gestos sonrisas
robadas. Sus labios no parecen jóvenes, están secos y agrietados,
su piel denota un tiempo pasado a base de sufrimientos. Las arrugas surcan
su cara, las cicatrices hacen mella a un lado y otro del cuello. No es
mayor, quizá tenga unos cincuenta años, pero nadie lo diría..
Viste muy bien. Lleva una gabardina color marrón, con el cuello
y puños a cuadros y unas botas de cuero, también marrones.
De su hombro izquierdo cuelga un bolso, a modo de bandolera, de tamaño
mediano, también de cuadros, parece estar a juego con el cuello
y los puños de la gabardina. Según se la ve a cierta distancia,
vestida de este modo, bolso colgado, gabardina ajustada a la cintura,
botas camperas, parece más una joven que bajo la lluvia espera
encontrar nuevas sensaciones, que una persona madura que ha perdido el
rumbo.
Camina bajo la lluvia, quizá no tenga un techo que le dé
cobijo o quizá ese cobijo no es el que desea, quizá viva
sola o quizá viva mal acompañada, quizá bajo su techo
se resguarden unas penas que ya no soporta y busca que la lluvia las arrastre
lejos de ella.
Camina pero solo va de un lado a otro, recorre unos metros, va hasta el
final de la calle y vuelve. Cuando llega a la altura de un pequeño
quiosco, situado al lado de un colegio, se para, da algunas vueltas sobre
si misma y emprende de nuevo su ruta, hasta llegar al final de la calle.
Todo este ritual me resulta extraño, no es normal ver a una persona
caminar así, sin algo que la proteja de la lluvia, solo la gabardina.
Es verdad que la lluvia es fina, pero precisamente por eso llega a mojar
mucho mas, pero a ella no parecerle importarle, se debe sentir demasiado
seca por dentro.
Llega de nuevo, se acerca al quiosco, esta vez parece mas decidida, vuelve
con mas fuerza, sus pasos son ahora mas seguros, mas firmes, su mirada,
ahora también más segura y profunda, la dirige casi clavándose
al quiosco. Se acerca, a través de una pequeña ventanilla
habla con un señor mayor que detrás de ella parece indicarle
una calle, asoma la cabeza y con el dedo índice señala la
calle situada enfrente, hace gestos como queriendo guiarla hasta el fondo
de la misma. Se despide y cruza la calle, la cruza rápido, sin
mirar a ningún lado, solo de frente, no aparta la vista del sitio
que le ha indicado el señor del quiosco. Un coche frena de repente,
todo el mundo mira para atrás, unos gitran, otros corren y se acercan
a ver que ha pasado. El conductor para alterado, se baja asustado, no
cree haber fallado, él iba bien, todos lo han corroborado.
La mujer yace en el suelo mojado, sus piernas dobladas parecen rotas,
su cabeza mira para otro lado, por el aire ha saltado el bolso, ha ido
a parar cerca del quiosco. El señor mayor, lo ha recogido, le dice
a la gente que él habló con esta mujer sólo hace
unos minutos, que le preguntó por un niño que vive en este
barrio, que él le indicó donde vivía, que le dijo
que era un buen muchacho, que siempre le ayudaba a cerrar el quiosco y
a cruzar la calle y que siempre estaba solo.
Todos miran a ver si llega la ambulancia, alguien la ha llamado, todos
creen que la mujer está muerta, el conductor se desespera, se siente
culpable, llora y pide a Dios que se salve. Suena por fin una sirena,
todos se apartan, dejan paso a la ayudan que necesitan, se quedan mirando
un espejo que el medico ha puesto cerca de la mujer, contemplan su cara,
sus ojos a través de el espejo, ven que poco a poco se borra la
imagen, ya no esta clara. Es el vaho, se ha empañado con el poco
aliento que sale de su interior, hay esperanza, no está muerta,
esta aquí, no se ha ido a ningún lado.
Poco a poco se recupera la normalidad, unos se van, otros hablan de lo
ocurrido y otros se preguntan porque no miró al cruzar, el conductor
se alegra y llora, ahora de alegría, ha habido suerte, solo es
una pierna rota y un fuerte susto.
La calle se queda desierta, ha dejado de llover pero yo sigo aquí,
viendo como la lluvia se ha llevado a una mujer, se ha llevado su secreto
y me ha traído la preocupación. Me embarga de repente una
profunda pena, quisiera saber y ayudar. Quisiera correr a buscar a ese
niño, que siempre solo, ayuda a un señor mayor a cerrar
su quiosco y a cruzar la calle. Quisiera decirle que una mujer, bajo la
lluvia ha paseado esperando verle aparecer por algún lado, que
yendo tras él no ha visto pasar un coche, que por no mirar la han
atropellado, que le gustaría estar a su lado. Me acuerdo del bolso,
nadie se lo ha entregado a la mujer; quizá debería pedírselo
al señor del quiosco; quizá debería preguntarle dónde
vive el niño; quizá debería ir a entregárselo;
quizá......debería contarle que .....
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