Hoy
me ha pedido que salga con él, nunca me lo pide, y yo nunca se
lo recuerdo, prefiero no hacerlo, pero hoy ha insistido, me ha gritado
haciéndome responsable de su precaria salud, de su poner peso,
siempre acaba haciéndome responsable de todos sus males. Al final
he cedido, como siempre y juntos hemos salido a dar un paseo, que más
que un paseo es una carrera de obstáculos, hay que caminar deprisa,
subir escaleras, ascender rampas, todo al ritmo que él impone
y que yo debo seguir sin lamentarme lo mas minimo, aunque me cueste
mucho trabajo hago todo lo que me pide, al compás de sus pasos,
a su ritmo.
Su ritmo y el mío hace tiempo que son el mismo, porque yo no
solo lo acompasé al mío sino que lo adecué a sus
exigencias y sus pasos perdieron los míos. Se perdieron tanto
que no dejo huella en ningún camino, todo esta marcado por él
de antemano, mis mañanas, mis tarde y hasta mis noches son suyas,
él se encarga de recordármelo cada día, sólo
hay que mirarme a la cara, los brazos o las piernas, no deja ninguna
parte de mi cuerpo sin el recuerdo de su potestad, sin su huella marcada
a base de golpes, insultos, pero yo nunca me quejo. Me he ido quejando
sólo en silencio, llorando en solitario, una lagrima escondida
tràs las cortinas, un sollozo ahogado bajo la almohada, un grito
de socorro sin pedir auxilio.
A veces me alargo en el tiempo pensando que fué de mi ayer, de
mi ilusión de novia, de mi traje blanco, de mi ramo de flores
regalado al azar, de mi mirada empañada mirando al altar y a
mi padre que, sentado a mi lado, lloraba por dentro lo que no se atrevía
por fuera, que fué de ese soñar en noches de estrellas
y luna llena, de esas miradas compartidas siendo cómplices de
unas mañanas de susurros en secreto, ¿que pasó
con ese ayer que hoy solo es soledad?, ¿En que momento lo perdí?.
Mientras paseamos siempre caminamos con pasos distintos, el mío
incierto, inseguro detrás de los suyos, sin mirar atrás
ni adelante, sin apartar la vista de él, no veo las calles por
las que paso, ni las casas que se encuentran en ellas, no veo jugar
a los niños ni siquiera percibo el aroma de los árboles
en flor, sólo oigo sus pasos para no perderme y su voz gritándome
que corra mas, que tengo que seguirle, que no puedo quedarme atrás,
me siento anulada no sólo por lo que no soy ni seré nunca,
sino por sus exigencias cada vez mayores, me obnubilo, me ofusco y dejo
de verlo, de seguir sus pasos, la cabeza me dá vueltas, no puedo
pararla y caigo estrepitosamente al suelo.
Mientras voy perdiendo la conciencia lentamente acierto a escuchar sus
gritos, recordándome, una vez mas lo poco que valgo, lo inútil
que soy. Entro en mi misma y sólo veo la oscuridad de mi interior,
desde su poca profundidad escucho voces que me hablan en bajito, me
dicen que hoy estoy mas guapa que nunca, que mis ojos resplandecen con
un brillo especial, que me merezco todo lo mejor, por ser una mujer
maravillosa, una madre irremplazable, una hija sin igual, la mas querida
de las amigas. Escucho la voz pero no logro entenderla, me habla de
cosas que ya no comprendo, no reconozco las palabras maravillosa, ni
irremplazable, se han borrado de mí, ya hace tiempo que camino
sin ellas.
La
pequeña voz no cesa, sigue, quiere que recuerde lo bonita que
era antes de conocerle, la admiración que desperté en
unos, los sueños que no dejé conciliar a otros; quiere
que me vea sentada en la primera fila de clase levantado la mano, preguntado,
respondiendo, aprendiendo; me dice que yo fui una de las primeras, que
nunca retrocedí ante nada, que los fracasos nunca me pararon,
que mis amores nunca me fallaron, que mis amigos me quisieron, que siempre
los tuve a mi lado.
Siento agitarse el corazón, voy recordando algunos de mis pasos;
percibo las huellas dejadas en el pupitre, los libros subrayados de
colores y algún nombre grabado en sus bordes. Voy recordando
mis sentimientos dejados impresos en miles de folios, poesías
dedicadas que nunca envié, que siempre silencié, poemas
al mar, poemas al cielo, cartas recibidas que se fueron borrando a fuerza
de leerlas. Me veo riendo, saltando, veo las lagrimas de mi primer amor,
de mis primeros abrazos y siento deseos de volver hacerlo, quiero volver
a ver las luces de mi ayer, sentir sus rayos, empezar de nuevo a vivir.
Abro los ojos y salgo de mi interior, las voces a mí alrededor
me hacen comprender que sigo aquí, que sólo me he alejado
para comprender, que ya puedo caminar sola.
Él esta allí, pero ya no le veo, no escucho su voz, sólo
oigo la mia, me habla en bajito para decirme que salga a la calle, que
me ponga la mejor de mis sonrisas, que ya no habrá mas días
de golpes silenciados, ni mas gritos ahogados, que es tiempo de flores
frescas, de estrenar mañanas, de ver de nuevo el sol.